viernes, 27 de noviembre de 2015

Concepto de clásico

Posiblemente sea el concepto de “clásico”,  uno de los más controvertidos a la hora de hablar acerca de literatura. La historia del término y de sus transformaciones conceptuales da cuenta, asimismo, de un proceso complejo donde han intervenido aspectos tan diversos como la gramática, la estética, la historia y hasta el propio azar.
Aulo Gelio fue el primero en utilizar ese término, tomándolo de la historia antigua de la propia Roma. Servio Tulio, uno de los últimos reyes legendarios de la Ciudad, organizó la sociedad romana agrupando a sus miembros en cinco clases sociales según la renta de que dispusieran. En las “Noches Áticas”, Aulo Gelio imagina una conversación sobre literatura y autores antiguos con su amigo Frontón, quien le dice en un momento dado:
“Classici” dicebantur non omnes, qui in quinque classibus erant, sed primae tantum classis homines, qui centum et uiginti quinque milia aeris ampliusue censi erant. “Infra classem” autem appellabantur secundae classis ceterarumque omnium classium, qui minore summa aeris, quod supra dixi, censebantur. Hoc eo strictim notaui, quoniam in M. Catonis oratione, qua Voconiam legem suasit, quaeri solet, quid sit “classicus”, quid “infra classem”. (Gel. 6,13)
No se llamaba “clásicos” a todos los que estaban en las cinco clases, sino tan sólo en la primera, Por su parte, se llamaban infra classem a los de la segunda clase y el resto, aquellos que estaban censados por una cantidad menor de dinero que la arriba citada. Por ello, he escrito esta breve nota, porque en el discurso de Marco Catón, suele preguntarse qué es classicus y qué infra classem. (trad. de F. García Jurado)

la metáfora que traslada el término classicus del ámbito social y económico al literario hace también lo propio con el término proletarius. Mientras el primero de ellos adquiere una valoración positiva, el segundo ocupa la parte negativa, relativa a los autores de menor nivel. Un buen autor es un classicus, no un proletarius.
los humanistas, excelentes lectores de Gelio, rescataron el termino para adaptarla a su nuevo contexto literario y cultural. Aparece de nuevo en uno de los diálogos de Luis Vives que tiene lugar mientras los personajes visitan una escuela y biblioteca ideales.
En dicha institución son classici los autores mejores , los elegidos por los gramáticos para su estudio. .Esta circunstancia renovará el uso de “clásico”, que dejará ya de relacionarse con la antigua classis de la vieja jerarquía social romana. Del sentido de “la clase de los mejores autores” se pasa a la idea de los “autores que se leen en clase”, los escolares, como categoría estética e independientemente de la época y la lengua en que se inscriban.
El uso del término permanecerá tal cual hasta bien entrado el siglo XVIII, cuando “clásico” dé un nuevo giro y adquiera una dimensión histórica, tanto para referirse a los mejores autores de una literatura, hecho que está muy en consonancia con la construcción de la categoría historiográfica de “Siglo de Oro”, como para designar, por antonomasia, a los autores grecolatinos.
La vieja oposición entre “clásicos” y “proletarios”, o entre autores buenos y malos, se va a ver profundamente alterada cuando al término “clásico” se le oponga, a comienzos del siglo XIX, un nuevo término, el de “romántico”.
Dos grandes cambios vienen al calor de este nuevo estado de cosas: el primero de ellos es la nueva valoración, ahora peyorativa, de “clásico” frente a “romántico”; el primer término continúa ligado a lo antiguo, pero esta vez la Antigüedad ya no es sinónimo de lo bueno, frente al nuevo culto que emerge ante lo moderno. En segundo lugar, ya hemos referido que lo clásico ya no se liga a unos autores, sino a una literatura en especial, la grecolatina.
A lo largo de los años cuarenta y cincuenta del siglo XX observamos que se publican algunas obras de gran alcance en torno a la reflexión del concepto de clásico y del sentido de la Tradición clásica en un nuevo contexto postcolonial donde cada vez se cuestiona más la legitimidad del legado cultural europeo. Tras la Segunda Guerra Mundial, en la década de los años 40 del siglo XX, no es casual que varios autores reivindiquen las raíces grecolatinas de la cultura europea, probablemente como consecuencia de la profunda crisis en la que ha entrado la que, desde Goethe, conocemos como “cultura burguesa”.
Frente al planteamiento agonístico de los románticos, al que sucedió luego el de la lucha de clases (literarias), Calvino propone un concepto diferente y relajado de la idea de clásico que se aleja de los cánones y las convenciones para acercarse decididamente a un acto de elección personal. Calvino se decanta decididamente por la imagen de una biblioteca personal de lecturas ligadas a la vida.
“Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”.


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